El otro día emitieron en La2 «Milagro en Milán«, film de 1951 dirigido por Vittorio de Sica, y como no pudo ser de otra forma, lo volví a disfrutar igual que antaño. Pero esta vez, además, me ha inspirado para escribir una nueva entrada del blog. Os explico. Mi televisior es CRT (cathode ray tube), de tubo de rayos catódicos, de los de toda la vida, aún hoy insuperables a nivel doméstico en calidad de imagen. Con pantalla plana y casi 50cm de fondo, moverla es tarea para dos personas debido a su peso. Tiene 27″, esto es una diagonal de unos 68,5cm y aproximadamente 53,5cm de ancho y 40cm de alto, así que la proporción de la imagen (aspect ratio) es de 4:3. El sofá está a 2 metros de la tele y mi cabeza puede variar entre 2 y 2.5 metros, según me coloque. Teniendo en cuenta que una distancia ideal de visionado debe estar entre 2 y 5 veces la diagonal de la pantalla, se puede decir que más o menos estoy en el sito. Pues bien, cuando veo cine clásico en televisión o en DVD, si el telecinado es de buena calidad, la mayoría de las películas ocupan mi pantalla al completo, sin bandas negras arriba y abajo. Y así ocurrió el otro día con «Miracolo a Milano«, se veía estupendamente en un blanco y negro apabullante. En los televisores planos modernos las transiciones de tonos negros y grises son feas, sosas y con poco detalle.
Formato 35mm
El cine clásico, hasta los años 50 del siglo pasado, suele estar filmado en una proporción de 4:3 desde que los Lumiere a finales del XIX popularizaran y perfeccionaran la criatura de Edison, quien estandarizó el formato en 35mm al usar el material sensible que el señor George Eastman (fundador de la Kodak) le suministraba en bobinas cortadas a ese ancho; cada fotograma tiene cuatro perforaciones en cada lado que permiten el arrastre tanto en cámaras como en proyectores; un segundo de movimiento en cine contiene 24 fotogramas (24fps); la película «corre» verticalmente y el tamaño de cada fotograma es de 24mm de base por 18mm de altura. Antes y después de los hermanos Lumiere, han existido muchísimos formatos, unos con mayor éxito que otros. Hay que señalar que el cine sonoro añadió una banda al film que contenía el audio con los diálogos y la música, y que modificó en varias ocasiones el tamaño del fotograma y la proporción ligeramente, pero el aspecto de las imágenes compuestas a 4:3 seguía resultando inmejorable. El caso es que el de 35mm ha sido el rey en el cine. Y en fotografía, gracias al asma de Oskar Barnack, es el más popular y se denomina «paso universal«. El ingeniero Barnack, un asmático aficionado a la fotografía y a las excursiones campestres, trabajaba en el departamento de microscopios y en el de proyectores de cine en la compañía alemana de óptica Ernst Leitz. Él fue quien inventó la primera cámara de 35mm –hoy horrorosamente denominada «full frame«– cuyos fotogramas tienen una porporción de 3:2.
El resultado del invento fue la primera Leitz Camera, es decir la primera Leica. Una cámara pequeña y ligera para 1913 –y también para hoy!– que cargaba película negativa de 35mm de cine en un chasis de entre 36 y 40 exposiciones, según fuera el grosor del film. Al contrario que en las cámaras de cine, en ésta, la película se disponía horizontalmente y usaba un fotograma dos veces mayor que el de aquéllas: 24×36 milímetros en lugar de 24×18. Gran error del señor Barnack –que explicaré más adelante– el duplicar el tamaño, ¿o quizás no. Su verdadero mérito no fue agrandar el tamaño del fotograma para conseguir más resolución y poder positivar ampliaciones con poco grano, sino resolver un problema personal, otro profesional e inventar un oficio en los rodajes. En cine, a base de ensayo y error –no existían fotómetros– las pruebas de exposición, iluminación, decorados, etc. se hacían filmando las mismas bobinas de 60 metros contenidas en las cámaras que después se revelaban para obtener el negativo a partir del cual, tras varios procesos intermedios, se llegaba al film positivo que se proyectaba, así ha sido hasta el otro día. Una exposición incorrecta arruinaba mucho metraje.
Es en todo este laborioso proceso en donde el uso de la cámara de Barnack consiguió ahorrar tiempo, espacio, recursos y creó también una profesión: hacer la foto-fija de rodajes, de hecho a estos fotógrafos se les suele llamar «leica«. El origen del invento estuvo en la necesidad de disponer de película para poder probar los proyectores Leitz. En Alemania en aquella época no se podían alquilar cámaras de cine ni películas, así que la empresa le pidió a Oskar Barnack que fabricara una para disponer de filmaciones propias con las que hacer los tests, y que fuera pequeña para no tener que utilizar bobinas tan grandes. Y voilà! En la mente de nuestro ingeniero particular germinó la idea de crear una cámara fotógrafica súper portable que pudiera usar en sus incursiones en la montaña. Por tener una salud delicada, cuanto menos peso y volumen tuviera el material que llevara consigo sería mejor. Pensad que a principios del siglo XX los equipos fotográficos generalmente eran voluminosos y algunos requerían de trípode y de las dos manos para su manejo. Así que, dos pájaros y un tiro (tiro fotógrafico, por supuesto):
- Primer pájaro. Una cámara para hacer pruebas en cine.
- Segundo pájaro. La primera cámara fotográfica de 35mm de la historia. Un formato ligero y portable que el público y los fotoperiodistas han universalizado.
- Un tiro. El oficio de foto-fija en cine. Es el fotógrafo que documenta un rodaje. Aprovecha los ensayos de planos o los descansos para fotografíar actores y actrices. Esas imágenes son las que después pueden usarse en publicidad y promo, o para carteles y afiches. Algunas actrices como la Garbo, la Hayworth o la Hepburn exigían el suyo propio. En el sector ha sido y es un oficio duro donde los haya: este fotógrafo tiene que ser extremadamente discreto para no molestar ni desconcentrar a técnicos o actores; prohibido hacer ruido! Las cámaras se meten en cajas insonorizadas, con lo cual el manejo es complicado; suele estar presente en la preproducción, localizaciones y producción, es de los miembros del equipo que más horas trabajan (en EE.UU. la media supera las 70 horas semanales); tiene que aprender a desarrollar todo tipo de habilidades para cumplir su misión y pasar inadvertido.






